
El documento analiza las desigualdades económicas de género en la vejez en España, evidenciando que las mujeres mayores presentan una mayor vulnerabilidad debido a trayectorias laborales más precarias, interrupciones por cuidados y menor acceso a empleos bien remunerados, lo que se traduce en pensiones significativamente más bajas y en una brecha creciente con la edad; esta situación tiene un impacto directo en su calidad de vida y en el aumento del riesgo de soledad no deseada, estrechamente vinculada a la situación económica, tal y como refleja el Barómetro de la Soledad No Deseada (2024), donde las personas con dificultades económicas presentan niveles mucho más altos de soledad. Además, incluso en condiciones económicas favorables, las mujeres reportan mayores niveles de soledad que los hombres, lo que apunta a factores estructurales y sociales adicionales; estudios como el realizado en Arrasate (2024) confirman que las mujeres perciben su situación económica de forma más negativa, especialmente a partir de los 75 años, cuando la viudedad y las bajas pensiones agravan su situación, mientras que los datos del sistema de pensiones muestran una brecha significativa en los ingresos —con hombres percibiendo de media bastante más que las mujeres— y una mayor presencia femenina en pensiones mínimas, evidenciando cómo las desigualdades acumuladas a lo largo de la vida se traducen en mayor pobreza, menor bienestar y mayor aislamiento en la vejez.